sábado, 29 de noviembre de 2008

coming down

Quisiera poder, te veo:
alzas tu cabeza hacia mí con denuedo,
con muda desesperación.

(¿es admiración eso que veo en tus ojos,
admiración mal puesta ante lo incólume de mi destino?)

Y yo y nosotras, solas no podemos:
ellas son más, pesadas y malévolas.

Ellas son: tienen un destino, un recorrido y un final ya previsto de antemano.
Nosotras estamos: atadas a una suerte que no es la nuestra, a designios que jamás buscamos.

¿Es esto todo lo qué somos?
¿No hay nada más?

Quisiera, por eso, hacer lo que me pides en silencio:
más, si mi tarea en los días soleados es incompleta,
en los de lluvia es imposible.

A veces permitimos, de pura flojera, que nos gane la imaginación:
una, dos, ¡está vez si podremos!, tres, cuatro...
y todo se desploma tras ese terremoto de aire,
ese que detiene la salvia vital por un momento y nos hace enmudecer.

Quisiera cobijarte, amigo mío, pero somos lo que somos y hacemos lo que podemos:
la lluvia torrencial caerá, nos hará más brillantes, más verdes y quizás más bonitas y...
nos doblará, nos quebrará y a algunas de nosotras se llevará,
cumpliendo así su diabólico destino, mientras nosotras seguiremos aquí:
verdes, sin quererlo; inútiles, sin poder evitarlo.

2 comentarios:

Candela dijo...

Gracias por pasarte por mi blog.

La poesía la descubrí tarde, pero me encanta. Cada día admiro más al poeta, que en un verso, en un poemas es capaz de decir...¡vida!

Nunca unas hojas al viento tuvieron mejor voz.

Saludos