sábado, 29 de noviembre de 2008

el que murio y sigue muriendo


el ventilador gira sobre mi cabeza, sórdido,
sobre ese cuerpo que yace sobre la cama

despierto y encuentro el cuchillo -en el pecho-:
yo, que me creía a salvo, a salvo y alejado,
en ese pobladío de La Pampa, donde un árbol es un milagro y la vida, una fatalidad

gira el ventilador: es lo único que se mueve en la habitación

ni moscas, ni gritos, ni corridas: el encierro es total

se acabo la primavera, encuentran mi cadáver,
aquel libro de Piglia que suponía exiliado sobre exiliado;
yo, que me exilie de todos mis errores,
que quise huir de la vida,
yo que morí, morí dos veces

en ese cielorraso, en esa habitación,
encontré una calma que fue siesta
de la que nunca desperté

un cuchillo en el fondo de mi pecho,
un cuarto herméticamente cerrado:
no hubo ni asesino ni mano alguna en la empuñadura...
quiero que sea el Destino que me alcanzo una apacible y pesada tarde de verano.

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