domingo, 28 de diciembre de 2008

im leaving


si te tuviera enfrente, abuela, te diría que me voy y no se si voy a regresar

te diría que tengo miedo, la incertidumbre del cobarde que se sabe en una disyuntiva poco feliz

sí, abuela, no te preocupes, te perdono todo: el malcriarme, el usarme como pantalla para un amor no correspondido o, como minímo, jamás comprendido, y también el que haya terminado siendo inseguro, demasiado consciente de mi mismo, preocupado por todo

tengo que irme, tengo que descubrir si mi vida termino antes de empezar o queda algo por cambiar en el penoso presente y el gris futuro que se me antoja lleno de desidia y perfidia

no puedo perdonarte dejarlo solo al abuelo, ese abuelo que nos encargo que te cuidáramos aunque no quisieras

mi madre sobrevivio a vos, mi padre también, pero no sin verse envueltos en tus tramas de oscuridad

todos portamos marcas indelebles, indescifrables de nuestras fallas, que son también las tuyas: almas lastimadas, portentosas en su opresión de un pecho que no puede ni quiere escapar

abuela, me voy, no volveremos a vernos (tal vez) y no te puedo decir nada porque ya no entendés

entonces escribo y me desentiendo

domingo, 21 de diciembre de 2008

Gravedad

Lluvia sobre mis lentes
lo que jamás termina de ser claro pasa a ser oscuro:
un cuerpo es vencido por su propio peso.


domingo, 14 de diciembre de 2008

Parapetado

Cuando Eugenio abandono esa mañana su catrera nunca pensó que iba a terminar escondido tras un guadarrail. Era domingo, y luego de almorzar fideos con aceite, dejo ese lugar al que jocosamente llamaban pensión, con sus paredes de chapadur y sus cables aéreos y demasiado visibles.

Había decidido, la noche anterior durante la duermevela, investigar los alrededores del lugar donde transcurriría su próxima novela. O cuento, todavía no estaba muy seguro. No quería situar su historia en la ESMA, demasiado truculento, demasiada sángre derramada que dolía y mucho, pero la zona aledaña al estadio de River Plate lo atraía: escuelas de tiros, estadios varios, concesionarias de autos bien menemistas, autopistas, la Ciudad Universitaria de los militares. Un buen escenario, pensó, mire por donde se mire.

Domingo gris, no oscuro lluvia, sino ceniza, de esos en los que parece que la tierra lo invade todo, hasta el aire. Agradeció por el suculento aunque insulso plato de fideos y patitas para qué te quiero, tomo por La Rioja hasta Plaza Once, y siguió por una Avenida Pueyrredón sucia y deshabrida, de locales cerrados y miradas hoscas, bien dominguera. Paso por un Abasto lleno de gente comprando, sin mirarlas siquiera, y Córdoba fue un canto a lo ingrato de su tarea. Luego Dorrego, los parques de Palermo, algunos pocos transeúntes ensayando caminatas ligeras bajo un llovizna perversa, que hacían las veces de ejercicios semanales y del todo fútiles. Y, por fin, su destino.



Recorrió calles vacías, sintiendo en el aire una excitación inexplicable. Para cuando resolvió el misterio ya estaba en un brete: partido en el Monumental y, por los insultos y los vestidos de los que abandonaban el lugar, un Boca-River. Nunca había entrado en el folclore futbolero que envuelve al país todo el tiempo pero como cualquier ser vivo de este rincón del mundo, comprendía lo básico para saberse en peligro.

Se cobijo en un grupo de hinchas no cabizbajos pero si serios que iban enfilando hacia la autopista Lugones. Iban entremezclados algunos hinchas de Boca y un gran número de simpatizantes del club transplantado al barrio. Ambos grupos se ignoraban, como corresponde a plateístas padres de familia con sus hijos. Enfrente, en las vías del ferrocarril San Martín, un munido rejunte de personas, ruidosos, de River, con una inmensa carga de violencia que no intentaban reprimir y aumentaba de acuerdo al número de los reunidos. Algunas camisetas a mi alrededor, nunca termine de decidir cuáles -los motivos de los barras bravas me eluden completamente-, alimentaron su ira y pronto comenzaron a caer piedras sobre nuestras cabezas. Todos, bosteros y gallinas, terminamos por refugiarnos tras los guardarrails escuchando como las piedras golpeaban y sonaban como granizo. Estuvimos allí unos cinco minutos, tal vez diez, que para mi fueron una eternidad. Y aunque no temí por mi bienestar físico, si pensé en lesiones, Hospital Fernández, comisarias y pasillos. Nada sustancial, nada novelesco. Solo otro día en la oficina y cuestiones que no superarían las charlas en un café.

jueves, 11 de diciembre de 2008

star escape (be swirled)

I look up every night & a star gate develops before me (& those hazel eyel of her).

For the sake of her love, I shall remain still, trembling, mumbling old prayers I've thought long forgotten.

Please, star gate, pick me up & take me out of this world full of misery that I hate (don't we all?) & fear in equal intensity.

Red before blue, green & yellow: and then, one day I feel something new, I'm being lifted away.

(Charlotte Segal, "Swirling Clouds"
Oil on Canvas 48" x 54")

And even as I'm airborne, I kneel & cry, the swirling pool is opening.

...

I won't be again, nor before, thus remember me for what I am.

And what am I? Nothing but the end of the road, that road where no man has gone before (and won't be again).

viernes, 5 de diciembre de 2008

que está solo y espera

pasan los aviones
(sobre mi cabeza)
todos se van, yo acá estoy

corro los trenes
(pero nunca los alcanzo):
soy un furgón de cola inmóvil

clavado en el presente
jugando a ser Dios
(de un mundo que no existe)

nunca creo nada
nunca veo nada
nunca tengo nada
sólo en una habitación

veo clavos y espinas
siento rechinar de dientes
en lo oscuro, en mis sueños

el fuego ya no me quema
la lluvia no me afecta
no me llega nada

muerto en vida
vida que se va
pero se queda

nunca creo nada
nunca veo nada
nunca tengo nada
sólo en una habitación

no me veo con nadie
no quiero a nadie
solo estar solo y morir

luche y vuelve

y el pueblo dónde está

Creo que lo peor que le ha pasado a Eugenio Rise es haber caído en la cuenta que nació en el momento equivocado.

Ya no hay gestas heroicas en las cuales probarse, las revoluciones perecieron y las que quedan son de mentirita.

¿Es valiente el qué se defiende del asaltante? Es valentía mal aplicada. Defender mi derecho a la propiedad es como defender el de cualquier otro burgués muerto de hambre.

Ni siquiera está permitido gritar HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE, haciendo la V y pensando que si Evita viviera, sería Montonera.

(Perón fue siempre un poco fascistoide e inclinado a lo sórdido, mientras que Evita, me da la impresión, si viviera, sería de Guardia de Hierro o el C de O. Pero qué se yo, ¿no? Hay que reconocerle al Viejo, eso si, el crear una organización bien del realismo mágico. Por eso el Gabo apoyo en mas de una oportunidad a la Orga: eran la prueba viviente de su literatura, con ellos levantaba cualquier periódico de la época y decía ¡ja, vieron, che, yo tenía razón -bueno, quizás no hubiera dicho "che" pero supongo que la idea se entiende.)

Eugenio Rise, que he decidido ser yo, transito la década de los 70 dormido en el regazo de su madre. Cuando despertó, cuando revivió, ya era tarde. El tren de la victoria ya había pasado y aunque la estación terminal había sido derrota, no pudo evitar el desencanto.

Salgamos entonces a las calles a desempolvar cánticos

ya van a ver cuando venguemos a los muertos de Trelew

que lindo, que lindo que va a ser, el Tío presidente y Perón en el poder

que lindo que va a ser el Hospital de Niños en el Sheratón Hotel.

Y no crean que lo que digo es del todo imposible, aunque el final, no por previsible, hubiera sido menos interesante.

(En esta “Patria Montonera”, Firmenich, Norma Arrostito, Fernando Vaca Narvaja y Perdía siguen en la Casa Rosada treinta y cinco años después de haber llegado al poder y conservan oficinas con cientos de asesores (...) Se metieron con una Evita que se hace gorila por despecho.)

Cuando nos demos cuenta que el futuro hace rato que ya fue y el pasado solo sirve para que viejas cincuentonas lean libros y se horroricen ante la desfachatez de un grupúsculo de jóvenes que vaya a saber uno que habrán hecho, solo en ese momento volverá la Revolución. Mientras tanto dediquémonos a bloguear y a abrir la puerta para ir a jugar. Porque Dios no juega a los dados...