sábado, 2 de mayo de 2009

De privaciones y cosas

¿Se ha tenido que privar de escribir?

He atravesado experiencias terrible en lo personal. Necesito para escribir cierta paz espiritual, si tengo una preocupación aunque sea mínima, me paralizo. No coincido con la idea de que se escribe desde el dolor, que a lo mejor está ahí, callado pero obrando. Esas experiencias terribles han enriquecido mi espíritu pero no sé si han mejorado mi literatura. También es un lugar común decir que se parte de la experiencia. Pero ocurre que hay diversos niveles de experiencia. La experiencia del mundo, de lo histórico, es diferente a la experiencia que uno moviliza en su interior. A lo mejor desde el encierro en una habitación oscura, sin tener contacto con la realidad sensible del exterior, puede brotar la poesía. A la larga, uno siempre se queda a solas con el lenguaje.

Joaquín Gianuzzi hablaba así de la relación de su escritura (o la falta de) y el dolor. Yo escribo DESDE el dolor, que es el motor de la historia, aunque, eso si, es repetitivo -como gustaba decir a Marx, ¿o era a Nietzche?- e insidioso. Lo primero es de esperarse, después de todo es el tiempo, y lo segundo no se puede evitar cuando de hombres se trata.
Un poeta publica un poema que escribió otro poeta para un tercero:

Un domingo de Fernando Pessoa

Desde su ventana arroja hacia la calle
una caja de fósforos vacía: es domingo
y en el orden desierto cae tristemente
con un sonido condenado
a un significado secreto. La tarde que declina
todo lo desampara. Nada es eterno
en la escena. ¿Valía la pena
recorrer los años para concluir
con ese gesto que se cierra sobre sí mismo?
Pero los hechos no han concluido. Los días
aún se repetirán. Mientras tanto, en Lisboa,
un fragmento de calle, una caja vacía
son elementos mudables que sostienen
una visión en ruinas de las cosas.


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