Yo debería de estar ahí, curando tus heridas, besándote el alma.
Todo el tiempo sentir que estás viviendo la vida equivocada,
todo el timpo mirando hacia atrás.
Un pensamiento de menos, o uno de más.
Mucha estrategia y poca táctica.
Mucho pensar y tanto fracasar.
Es la idea de llamarte y que no atiendas.
Es la idea de jugarme y que no juegues.
Acá todo sigue igual de feo:
aburrido,
despótico,
mugroso,
el corazón y todo.
Las palabras se me escapan pero no puedo hacer otra cosa que tirar mi botella al mar y ver que tal.
Y si no nos volvemos a ver jamás, dos cosas: perdón y gracias.
Me equivoque. La puta madre. Eso.
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